Bueno, pues ya he hecho mi experimento, he superado las 5.000 páginas vistas (casi todas mías) y lo dejo. Esto de bloguear es muy bonito si no tienes cosas más interesantes que hacer como, por ejemplo, observar cómo copulan las polillas de los gusanos de seda. No es mi caso: Los lascivos bichitos acaban de salir de su capullo y se disponen a darle duro hasta morir.
De la misma forma, durante un corto periodo, he introducido mis cosas en la Red, pero me ha llegado el momento de morir virtualmente para volver a zambullirme en el mundo de ahí fuera. Que dicho sea de paso, y aunque no os lo creáis, también tiene su interés.
Besos y abrazos de un bloguero ocasional que, desde hoy, pasa a la Internet profunda, para que nadie le lea nunca más...
Nuestro campeonísimo Rafa Nadal escribe un blog en elmundo.es y en él se puede leer esta perla: "Ver el Louvre, y eso que ha sido desde fuera, me ha resultado muy emocionante porque hace muy poco que he visto la película 'El código Da Vinci'. Menudo revés.
El intruso se encuentra en algún lugar de la casa, agazapado en la penumbra, esperando la ocasión para abalanzarse sobre ella con su afilado cuchillo. La mujer tiembla en la buhardilla, aferrada a una pesada herramienta de hierro que, quizás, sea su única esperanza de llegar al día siguiente. Se escucha el informativo en la televisión encendida: “Los asaltos con violencia en urbanizaciones se han disparado durante estos últimos meses y se elevan a una veintena desde principio de año”.
El inspector Vázquez fue el primero que halló sus cuerpos, ya sin vida, dos meses después. Junto al del hombre, que falleció entre espasmos provocados por el hambre, pudo leer un frase escrita sobre el suelo con la punta del cuchillo: “El sonido de tu respiración, que traspasaba el techo, me ha hecho feliz durante estos días”. Al hallar el cadáver de la mujer, muerta de sed, los policías descubrieron junto a ella esta inscripción: “No ha sido el miedo a la muerte lo que me ha impedido acudir a ti, fue el temor de que no fueras como me imaginaba en la oscuridad de este cuarto”.
El inspector Vázquez escupió en la entrada, se subió al coche oficial y se alejó escuchando en la radio una vieja canción: “Si tu amor es verdad, mírame; para hacerme soñar, mírame; para hacerme feliz, mírame. Si me quieres matar, mírame”.
Recuerdo, en los ochenta, haber acudido a la inauguración de una muestra del fotógrafo norteamericano Joel Peter Witkin. Fascinado, escuché las explicaciones del artista sobre su obra. Hoy, después de bastantes años, me doy cuenta de que -como decía el anuncio- mi gusto ha crecido o, por lo menos, cambiado. No puedo evitar cierta repulsión cuando observo imágenes como éstas.
Vaya, me estoy haciendo viejo y ya no me gusta la mostruosidad impostada de este artista..Casi prefiero el póster promocional de algún destino turístico. Imágenes simples que, sin embargo, a veces también albergan realidades terribles. Véase Marbella.
Me quiero ir de vacaciones pero no tengo dinero para ello. Tendré que resignarme a visitar Everlandia otra muestra más de lo absurda que es, a veces, la Red. Allí, cada turista crea su propio paraíso, que puede ser visitado por otros internautas, y hasta se compran souvenirs.
Eso sí, nada de chiringuitos, ni cañitas frescas, ni pescaíto frito, ni chicas ligeras de ropa..En fin, nada de vacaciones.